<span class='titulo-post'>Retratos iluminados.</span><span class="descripcion-post">Alejandra Phelts</span>
<span class='titulo-post'>Retratos iluminados.</span><span class="descripcion-post">Alejandra Phelts</span>
<span class='titulo-post'>Retratos iluminados.</span><span class="descripcion-post">Alejandra Phelts</span>

Utilizando diversas técnicas como pintura, fotografía, video, textil e instalación; Alejandra Phelts explora la manera en que la costura –entendida como práctica generacional y momento de comunión– contribuye a la formación de su identidad en un viaje emocional que nos habla de las tradiciones personales.

Si me pidieran que identificara la obra de Alejandra Phelts con una palabra optaría por temporalidad. Los que nos hemos mantenido cerca de su trabajo artístico, sin limitantes nos damos cuenta que este elemento abstracto, que enmarca la vida y los sucesos, no escapa a la estética de Alejandra y en ello lo encierra casi todo.

Con la serie Costura la artista hizo un derroche en cuanto a la representación de todo un ambiente per se femenino, insistiendo en el acto de puntadas, dobladillos y tejidos como el eje central temático, no obstante de que se encontraban otras sub-tramas muy bien abordadas en el conjunto de obras, tales como la factualidad de los trajes como uno de los eventos preferidos y el trasladado de generación en generación o, por otra parte, la «conspiración» femenina a partir de lo gestual y la confidencia, con lo que se revela un conocimiento de la filosofía de la mujer de hoy y –¿por qué no?– de épocas pasadas.

Ahora, Alejandra nuevamente sorprende con el proyecto Retratos Iluminados, esta vez extendiendo el uso de las técnicas para, desde la mixtura, el collage, la instalación, el performance y la fotografía (en muchos casos haciendo uso a una misma vez de varias de estas); asumir un universo temático, ya no sólo circunscrito a lo esencialmente femenino, sino amplificado para recrear otras lecturas.

Sin embargo, no deja de ser la figura humana el centro visual que engancha en todas las piezas, reforzada por otros elementos con los que perfecciona el discurso, como lo puede ser el atuendo. En esta línea de pensamiento es significativo el que sus mujeres –solas o acompañadas– siempre están a la expectativa o en función de un algo más allá de lo genuino, de lo que les puede o no interesar o suceder en el justo instante, en una constante actuación que refiere un subtexto que se extiende a partir de lo observado. «Esperando verte» y «En la distancia» son obras que se mueven en esta dirección; si bien es evidente que sus protagonistas pertenecen a dos épocas diferentes –asumido ello por las características de los vestidos– a ambas les es común el acto de la espera o de la despedida y, no en vano, el gesto del rostro en una y corporal en la otra, lo declaran. Se torna a su vez interesante cómo la artista se vale de la vestimenta para ubicar temporalmente el discurso de cada una, ratificando el hecho de que responden a tiempos en las que el recato y los comportamientos eran además incomparables.

En contraste a la soledad, y aproximándose a un discurso en extremo dramático, Alejandra Phelts expresa en otro grupo de obras una simbiosis entre acción, espacio y tiempo. En este sentido retoma conductas muy propias del género femenino en torno a las cuales se hallan los personajes, concentrados en plena labor. Si bien en «Las bordadoras» la organicidad hace gala y favorece la dirección visual hacia el centro del conjunto, lo más importante de la obra son los trajes de diversos colores que visten ellas así como los aros para bordar, elementos simbólicos que la artista aúna en el lienzo tal vez con el propósito de insistir aún más en los quehaceres de género.

Algo similar provoca «Todo sobre mi madre» en la que la idea de la tradición necesaria entre generaciones, cobra una gran dimensión en la poética. Si bien los cambios sociales, así como los avances que estos conducen, traen consigo movimientos en las prioridades de las nuevas generaciones, no deja de constituir un gran valor para las familias, el que las costumbres y/o aquellos placeres que se han venido compartiendo entre épocas, no se detengan. Y hacia ello también la artista hace girar la mirada para insistir en todo aquello que debe tener una continuidad; no creo que sea gratuito el símil o paralelo entre madre e hija al estar sentadas en sillones iguales, vestirse con los mismos colores y por demás tener como hilo preferido para el tejido el rojo. La ubicación de los dos centros visuales en esta obra es destacable, por lo que el espectador se verá obligado a ir de un lado a otro y de arriba hacia abajo captando los detalles que componen la pieza, y con ello casi sentir la tensión del hilo o el movimiento de las agujas entre las manos de mujer y niña.

Retomando lo epocal construye «Hermana madre» obra en la que, de manera muy eficaz, la creadora retoma los atuendos como eje focal del conjunto. Estas dos mujeres que comparten un mismo núcleo sintetizan un momento, un instante cultural atrapado con todo lo le caracteriza y saben que deben externar con orgullo; no sólo por ser lo que les tipifica o identifica sino, además, porque es lo aceptado por una mayoría social. Esta obra es lúdica por excelencia, verla causa placer a la vez que caracteriza todo un estilo creativo fundado en lo raigalmente femenino.

Alejandra incursiona además en la instalación, la fotografía y el performance en una representación muy peculiar. En este caso hace coincidir una de las primeras técnicas con la acción, y con ello rompe con la tradición al recombinar géneros y, por tanto, concebir una obra enriquecida y atractiva como lo son «La mesa de los suspiros» o «Durmiente i» y «Durmiente ii», en las que el histrionismo de las participantes es regente y compite bien con lo instalativo de las piezas dispuestas en la mesa o con el clic fotográfico. Y nuevamente regresa ante uno el mundo de las mujeres, para quienes el momento de sentarse a la mesa es deleitable y esperado, porque es un tiempo y un espacio que saben es solo de y para ellas, o bien la espera tranquila y paciente que se debe asumir llegado el turno del matrimonio.

Alejandra Phelts crece como artista y con ello aumenta nuestro asombro ante cada obra. Creo que es sumamente admirable la técnica que utiliza en sus pinturas, en las que suma al lienzo la vestimenta de cada personaje, realizada como una obra aparte y no menos importante; porque justamente es uno de los complementos que aporta un sello propio y auténtico. Por otra parte el dominio de la figura humana, la insistencia en las líneas expresivas así como la construcción de los ambientes revelan una factura exquisita. Por ello miro y vuelvo a mirar cada una de estas piezas y siento que me encontraré a mí misma sentada en la mesa de los suspiros o, quién sabe si también, hablando todo sobre mi madre.

Victoria James
Curadora y crítica de arte

Alejandra Phelts (Mexicali, Baja California, 1978). Artista contemporánea. Estudió Filosofía, Historia y Apreciación del Arte en el Instituto Privado de Filosofía y Teología San Juan, cursó varios talleres de Pintura, Grabado y Perfomance y realizó la licenciatura en Artes Plásticas en la Universidad Autónoma de Baja California. Obtuvo el primer lugar en la xviii Bienal Plástica del Estado de Baja California. Ha participado en más de treinta exposiciones en México, Estados Unidos, China y Europa. Su obra forma parte de la colección nacional permanente del Consulado General de México en Shangai.


Collage, Fotografía, Intervención, Pintura, Textil, Video

PERIODO DE EXHIBICIÓN

febrero 24, 2017 - mayo 21, 2017

Revisa horarios y costos AQUÍ

CARTEL

GALERÍA

Fotos por: Estefany Maya