<span class='titulo-post'>Vidal Pinto Estrada, artista de la lente: en el septuagésimo aniversario de su nacimiento.</span><span class="descripcion-post">(mar, 16)</span>
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Doña Julia Estrada S. de Pinto 1901-1991, Circa 1984. Plata-gelatina s/ papel
Chavalo, Circa 1987. Plata-gelatina s/ papel
Graffiti, 2011. Infografía
Colección del artista. En resguardo por Centro Cultural Tijuana

Vidal Pinto Estrada quizás era un artista atípico en la frontera. Su figura, apoyada en un bastón de madera durante sus últimos años, deambulaba incansablemente por los diversos escenarios culturales de la ciudad. No existían ni caminos ni mundos pequeños para él. Sus arterías de flujo tenían ilimitadas estaciones de visita frecuente.

El Centro Cultural Tijuana era una de éstas, quizás una de las más asiduas y entrañables. Desde la más remota época, aquella relacionada con los debates sobre a quiénes les correspondían sus salas de exhibición, su obra ya transitaba estos muros. Sus series de larga duración ya se presentaban a público, en formatos colectivos e individuales.

En él no existía la marca indeleble del sectarismo. Lo mismo concurrió a exhibiciones de jóvenes artistas, que a muestras de artistas de su generación. Era ajeno al espíritu de clanes. Su obra lo mismo es curada para exposiciones como Extraño Nuevo Mundo que para Obra Negra. Una aproximación a la construcción de la cultura visual de Tijuana, entre tantas otras.

Nadie entre el mundo de los autores de imágenes, curadores y/o promotores en la ciudad –incluso en su concepción multidimensional con California– ha sido ajeno a él. Fue contemporáneo de Robert Mapplethorpe, con quien durante décadas establecerá una curiosa y sui géneris asociación visual; simpatizante declarado de Josef Sudek; héroe del perfeccionismo.

Las imágenes que presentamos corresponden a tres de sus prolongados impulsos creativos y conceptuales. En estas cápsulas se insinúan y despliegan su afición por la forma, el cuerpo como su campo de batalla, la intimidad personal como motivo y pretexto, el mágico conflicto entre la existencia y la ausencia de luz o la indefectible nostalgia que se alimenta a sí misma.